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11 jun 2019

Como lo dije, mi vida no tiene precio

Mi nombre es Gail. Soy una mujer de 72 años de edad con un trastorno genético que afecta el tejido conectivo de todo mi cuerpo. Mis articulaciones son frágiles y padezco de dolor crónico. Comencé a necesitar un apoyo para caminar hace unos nueve años. Utilizo un bastón de senderismo para moverme por la casa y dar caminatas cortas, pero he usado cuatro andadores distintos, de los cuales todos me decepcionaron. Uno supuestamente era todo terreno pero ni siquiera lograba desplazarse por las grietas irregulares de la acera. De hecho una ocasión me lesioné porque me caí al atorarse en un punto desnivelado. Durante los últimos ocho o 10 años he permanecido aislada y sin la posibilidad de acompañar a caminar a mis amigos a los lugares que me encantan.

“No estaba lista para fracasar como persona, así que seguí buscando otras opciones en Internet. ”

Encontré el sitio web de Veloped y comencé a platicar por el chat con uno de sus desarrolladores, que me ayudó a determinar que el modelo 12” Sport sería la opción más apropiada para mi caso.

Recibí mi Veloped justo a tiempo para salir con él a unas vacaciones en la costa de Maine, donde unos amigos y yo alquilamos una casa. Allí es donde me di cuenta que mi vida había cambiado.

Mi Veloped me liberó. Podía caminar sobre rocas, raíces, un camino cuesta abajo para llegar a la playa, etc. Sentía que mi vida era completamente distinta. Ya no me sentía atrapada en este cuerpo. Te sorprendería saber lo mucho que te pierdes cuando dejas de ser la persona que eras antes, incluso al estar entre amigos.

Durante mi estancia en Maine, siempre que tenía ganas, salía a dar largas caminatas. Incluso les decía en broma a mi esposo y mis amigos que me iba a escapar en mi “cochecito”. Pude caminar un sendero cuesta arriba hasta llegar a un faro en el punto más alto de una isla y también podía pasearme sobre la costa rocosa. Me sentía como una estrella de cine: a dondequiera que iba, el Veloped llamaba la atención. Todos querían saber qué era el Veloped, cómo lo había conseguido y en qué sitio podían obtener más información, ya sea porque quien me preguntaba tenía un interés personal o para recomendárselo a alguien más.

El Veloped es más que un simple andador, es una herramienta que brinda libertad. Tengo planeado aprovechar cada uno de mis días con mi nuevo Veloped. Hace muchos años tuvimos que mudarnos de una casa de dos pisos porque ya no podía subir las escaleras. Nos mudamos a una zona nueva que no conocía… Pero ahora la conoceré. Siempre que vamos a un lugar nuevo, un parque, la playa, etc., me siento emocionada. Y, por supuesto, ahora podré ver a mis nietos jugar fútbol y tantas cosas más.

“Desde hace varios años en el Día de Acción de Gracias rentamos una casa en la playa donde nos reunimos todos los miembros de la familia. Nunca pude caminar en la playa pero, este año, ¡sí podré!”

Como lo dije, mi vida no tiene precio, y no lo tiene la vida de nadie. No tiene precio poder volver a vivir la vida a plenitud. Es fantástico tener esperanzas, no estar desesperanzado. No me malinterpreten, yo hacía lo posible por darle un nuevo sentido a mi vida. Comencé a tomar clases de fotografía y me interesé por escribir algo. Todos tenemos que reinventarnos a medida que envejecemos, pero lo que además logré fue regresar el tiempo. Qué bendición.